Música Tricolor

MÚSICA TRICOLOR

          Hoy he empezado a limpiar tus huellas, esas que miraban aquellos que tienen tan en cuenta la pulcredad del hogar. En una ocasión, visitando Cuenca vi un cartel en el que se leía “Mi casa está lo suficiente limpia como para ser habitable, y lo suficiente sucia como para ser feliz”. Hoy soy menos feliz, mi hogar, no mi casa, está tristemente pulcro. También pude leer, esta vez en Tenerife y de camino al aeropuerto, otro cartel de enormes dimensiones en el que se veía escrito “Mi perro también es mi familia”.

 
          Cuantas veces he pensado en la felicidad que, la combinación de ambas frases, pueden llegar a provocar en una familia.Aquellos que siempre me dijeron que los animales, en concreto los perros, podían contagiarme de no-sé-cuantas enfermedades, hoy me han convencido. Más que nunca, hoy creo que al menos una sí me han contagiado; de hecho creo que esta enfermedad se ha ido gestando al cabo de los años hasta culminar en lo que hoy podría yo denominar como añoranza. Ya no veo tus huellas pero, como en alguna ocasión me han dicho, la mitad de mi corazón ya es de perro. Quizá haya que indagar un poco más para ver que esas huellas, estar……están.
          “Si ya andaba yo con la mosca detrás de la oreja. Cada día un menú nuevo y esas salchichas con relleno tan raro. No pasa nada, me he hecho especialista en separar lo que me gusta y escupir lo demás”.No es que tuviéramos un primer día de convivencia muy acertado, ni siquiera en las siguientes semanas podría decir que nuestra comunicación fuese muy fluida. Con el tiempo, intenté aprender qué querías decirme y no sólo aprendía tal cosa sino que, además, entendí muchas cosas de mi mismo, comprendí a otros en quienes, por el egoísmo del mundo en el que vivimos, nadie piensa a menudo. En definitiva, estuviste el tiempo suficiente para que aprendiese cómo querer de un modo incondicional. No puedo pedir más.”Todos los días cama distinta. A cual más cómoda. Curioso”.

Hoy, una vez más y gracias a tu ayuda, he aprendido que los seres vivos, tenemos nuestras propias necesidades y que conociendo tal cosa del que está a tu lado, se pueden descubrir nuevos horizontes. Tirones, encuentros caninos, olisqueo, compañía en la mesa… Muchos se darán cuenta de lo importante que es que sus fieles amigos tengan esos comportamientos, cuando un día dejen de hacerlos. Entonces, y paradójicamente, les incitarán a tal conducta y, de nuevo paradójicamente, caerán una vez más en la frustración.

“Aunque tus intenciones son buenas, soy Beagle y me gusta ser un poco más independiente. Eso de que me subas a cuestas por las escaleras, no me va ni un pelo. Por alguna razón y pese a esto, llego a casa más tranquilo, la verdad”.

Antiguamente, en la época en la que nuestros padres y abuelos vivian en el campo, los perros solían vivir fuera de la casa y la verdad, creo que tenían menos problemas de conducta. Hoy, que todavía hay quien piensa que eso se puede trasladar y reproducir en el adosado de turno, me gustaría que pensara que una diferencia importante, entre otras, es que antes nuestros amigos canes acompañaban a sus dueños a todos los lados (pongamos, 16 horas diarias) y dormían 8 fuera, en otro lugar, por lo que el tiempo que pasaban juntos era mucho mayor. Ahora, el dueño pasa la mayor parte del tiempo fuera del hogar, vuelve, da un paseo a perro (venga, seamos generosos, digamos de 3 horas), y le “deposita” de nuevo en su magnífico jardín impecablemente cuidado, lo que conlleva tener al perro atado para que no lo destroce y pueda dar una mala imagen  a las visitas; sí esas a las que les gusta la investigación de huellas caninas en el hogar de los demás.

“Lo sé, seguir mi ritmo cansa, pero te voy dar un margen, voy a ser bueno hasta para eso. Dejaré un mes para que te recuperes, que ya tendrás tiempo de seguir limpiando y de no dormir con lo que te llega pronto. Además mira, yo ya no estoy para estos calores, ya sabes, soy de clima frio y ya que nuestro encuentro no fue muy fluido y tanto te has esforzado por comprenderme a mi y a los míos, tengamos una despedida tranquila, aunque dolorosa, desde luego. La verdad, cuanto has aprendido. Gracias.”

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